Hilo Musical

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Prisonero de las referencias

septiembre 10th, 2010 · No Comments · Sin categoría

“Los periódicos son como las salchichas. Nunca quieras saber cómo se han hecho”.

La cita sirve también para las novelas. Sin embargo, me he obstinado, en un ejercicio imprudente e impúdico de charcutería, en desvelar motores ocultos de Hilo musical.

Expondré, también, que en toda novela con la que me reboce y disfrute realmente, debe haber un alto componente de primera persona. De experiencia. Simplemente, es más fácil y riguroso hablar de lo que conoces. Corres el riesgo, si no lo haces, de acabar escribiendo El código Da Vinci o una entrada de Wikipedia. Si lo conoces, sabrás explicar el matiz. Si no sabes de qué hablas, es bien probable que el texto acabe conenado a la macabra dinámica del juego del teléfono. El primero susurra al oído del segundo “Quiero un bañador nuevo para este verano”, y el cuarto le chiva al qunto, totalment convencido de que no falta  la verdad, “Mi abuela tiene algo realmente raro en el ano” -situación especialmente embrazosa si el quinto es tu abuelo-.

Sin embargo, quizás lamentablemente, nos han bañado con el spray referencial en la cadena de montaje que son las alas de nacimientos de los hositales. Bromeamoscon chistes de pelis y hacemos tonterías como los héroes de los tebeos. Hilo musical pretendía ser honesta, sincera. Pero parte de ello pasaba por echar mano de referencias más o menos ocultas que están al servicio de la intriga del relato, motores escondidos en el mecanismo.

Uno de ellos es la serie de los sesenta El Prisionero. Un espía, empantanado en las tensiones absurdas de la Guerra Fría, que, como el personaje de Chesterton, “sabe demasiado”. Decide presentar su renuncia, una decisión aparentemente noble. Un agente misterioso lo seda y aparece en The Village, una especie de resort de lujo impersonal donde le intentarán sonsacar toda la información con las más mefistoféicas torturas. Todas psicológicas. Ninguna física: es demasiado importante como para herirlo.

Perdidos está violentamente influida por esta serie -Abrams es muy listo: antes de que le canten las cuarenta por copión, lo admite e incluso pone sus maravillosos libros en plano (de La colina de Watership a Trampa 22)-.

La Gerra Fría fue ese nodo de relatos histéricos difícilmente recreable y aún meos repetible. Estamos hablando de un periodo en el que, se dice, se comenta, todo el equilibrio mundial dependió de una frase como “Gambito de rey”, un movimiento de ajedrez que podía decir la partida de ajedrez entre el representante yanqui, Bobby Fisher, y e soviético, Boris Spassky. El villano contra el héroe ordenado. Ya sabemos quién ganó.

La nuestra no es una época tan atractiva narrativamente. Pero quiero pensar que se cuecen habas en todoslos lados. Y que el The Village de El Prisionero plantea las mismas renuncias, hipocondrías o dilemas que el Villa Verano de Hilo musical o el Marina d’Or de nuestro dramático -por triste, no por excitante- mundo real (que nos ha caído en desgracia).

Para entender El Prisionero, escribí un artículo quilométrico hace un par de años para La escuela moderna, impagable -implacable- fanzine-fecha editado por los hermanos Amat. Se puede leer rebuscando en el siguiente link:

http://www.dotstation.es/Img/Descargas/escuela03.pdf

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