Hilo Musical

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Hace dos inviernos (que hace tres años). ¡W, siempre!

diciembre 18th, 2013 · Sin categoría

Tres años harto

-”Hace tres años todo parecía perfecto, y no quiero ocultar / que siempre hubo un matiz o la sombra de una duda”.

-Creo que fui claro cuando te advertí de que hay un infierno reservado para los que arrancan un artículo con una cita de otro. El cuento más bonito del mundo,Kipling. ¿Recuerdas? No aprendes.

- ¿Ni siquiera cuando es un artículo de fiesta?

- No creo que éste lo sea. ¿Por qué lo estás escribiendo?

- Pues porque hace tres años. Porque los romanos contaban hasta tres con palos y luego la cosa ya cambiaba. Cuatro cosas son más difíciles de recordar que tres.

- Palos los que te daré yo. Todas las decisiones del Imperio Romano estaban encharcadas en vino, chaval. Hasta su dirigente más célebre murió por una mala resaca. Además, ¿una canción de Astrud? Podrías recordarme con una de los Clash, de los Fleshtones, de  Sam Cooke… con el Aserejé. Escribir es bailar. El ritmo, hombre, el ritmo; buscar un estilo hermoso, duro y elástico.

- Ya, pero hoy he leído un artículo maravilloso de Marcos Ordóñez donde recuerda que hace tres años que no estás. Falta un árbol, lo titula… Y habla de un sueño…

- A ver, te he dicho unas mil veces que a la gente le interesan nuestros sueños y nuestras infancias tanto como nuestros calzoncillos colgados…

- Colgados al sol, como banderines de fiesta.

- Colgados como calzoncillos; no te pongas estupendo.

- Pues yo también he tenido un sueño. Me ponía tus zapatones, como en la escena aquella de Barry Lyndon.

- Y te ibas al suelo, porque tienes pies de geisha. Ahora dirás que trataba mi tupé como el Pijoaparte de Marsé. Y de ahí a dar la murga con que  sientes un dolor fantasma… Pareces Maruja Torres.

- Esto no es por ti, es para que no se olvide lo que decías.

- Ya, y tú lo vas a conseguir con este melodrama, ¿no?

- ¿Cómo quieres que lo haga? “El novelista Francisco Casavella falleció tal día como mañana hace tres años“?

- Te falta el toque de calidad. Calza “apuesto” antes de Francisco y “pasó a mejor vida” en lugar de “falleció”.

- Pero es que no creo que pasaras a mejor vida. Morirse es fundir a negro.

- Nada es blanco o negro: todo es en blanco y negro. Además, la más atroz de las edades medias es la mediana edad del hombre. Me fui a tiempo. Inventa un final alternativo: una conga.

- ¿La que escribiste  para rematar El secreto de las fiestas?

- No, la tuya.

-Pero, “cómo confesar que llevo dos años harto, y éste es el tercero”.

-Otra vez citando. Piensa en el secreto.

-Pero hace tres años. Elevación, elegancia, entusiasmo. Tres.

¿Oíche? Es de muy mala educación decir la última palabra.

- Ya, lo mismo digo.

* Texto publicado en diciembre de 2011 en el diario ADN, cuando se cumplían tres años (ahora son ya cinco) del fallecimiento del novelista Francisco Casavella.

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El ABC(D) del Hilo

octubre 25th, 2010 · Sin categoría

Y, ahora, la del suplemento cultural del diario ABC. Aquí el Rey se muestra todavía más contento y está a punto de obsequiar a su amigo Julio con un tartazo (en la cara): Iglesias no lo sabe, pero las traviesillas que baten palmas y ríen arteramente sí. Por cierto, imprescindible el libro “Cream and punishment”, autobiografía gamberra del hombre que estampó tartas de nata en las caras de Bill Gates, Godard y muchos otros. En fín, al lío: ahí va la reseña.

SUTILEZA POP

La narrativa que pudiéramos llamar pop con cierta propiedad ha tenido mala suerte en nuestra tradición, contándose con los dedos de la mano las obras que han rebasado cierto límite de calidad. Desde aquellos lejanos textos de Manuel Vázquez Montalbán hasta estos de Miqui Otero, pasando por los de Francisco Casavella, sin ir más lejos, la narrativa de raigambre pop ha ido poco a poco abriéndose camino entre aquellos que la quieren encuadrar en una suerte de costumbrismo de ahora y los que, sencillamente, la desprecian como género muy menor.

Hilo musical, primera novela de Miqui Otero, que ha descollado en el periodismo musical, representa, sin ninguna duda, una de las obras más logradas que el género nos ha ofrecido en los últimos años. Su frescura, su imaginación, desbordante pero también aquilatada, las divertidas pero ajustadas tramas que inventa, los mundos que describe, hacen de este libro una divertida versión de la novela iniciática, eso sí, con la alargada sombra de Peter Pan sobrevolando la cosa, que es de lo que se trata en tiempos en que la adolescencia adolece de todo, como siempre ocurrió, menos de dinero. En esto no se puede ser más pop: rebosa colorido.

Juan Ángel Juristo.

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En el Cultural del Mundo

octubre 25th, 2010 · Sin categoría

El Rey de las tartas está satisfecho y contento por las reseñas publicadas. Tanto, que en la fotografía apunta con sendas Colt 45 hacia el espinazo de Marina Castaño y don Camilo (ellos sonríen). Cortipego, por ejemplo, la de El Cultural, de El Mundo.

En 1967, poco después de la muerte de Walt Disney, la revista satírica The Realist publicó una ilustración donde se veía a los tiernos personajes disneynianos entregándose al sexo. En primer término, Pluto orinaba sobre Mickey Mouse, al lado de la mesa donde Campanilla se montaba un peep show con los niños perdidos y Garfio. Cuenta Miqui Otero (Barcelona, 1980) en su blog que de esta ilustración surgió la idea para su primera novela, en la que los personajes forman parte de un mundo tan falso como el de las películas de Disney.

Su protagonista, un “viejoven” de 23 años, trabaja en un parque de atracciones donde todo el mundo va disfrazado. Sus cuitas en pos del amor podrían centrar una novela juvenil, si no fuera porque su cinismo y desengaño pertenecen al mundo adulto. Estamos ante una novela iniciática que nos lleva al mismo lugar de siempre: cómo crecer y a qué precio. Sin embargo, hay algo de novedoso en el discurso de este conejo humano que deja atrás la adolescencia: esa explosiva mezcla de ternura y humor y el modo en que se dirige al lector, un “tú” omnipresente, deudor de las redes sociales, que aquí adquiere textura literaria.

Rabiosa modernidad, honestidad e inmediatez singularizan una novela que interesará a quienes se perdieron en la frontera entre la adolescencia y la edad adulta, ya todo aquél que no quiera perderse lo último de lo último.


Care Santos

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Artículo ectópico en El País

octubre 25th, 2010 · Sin categoría

Este blog es un erial. Lo retomaré, pero estos días ando en otros asuntos. Cuelgo tres artículos para mantener un poco de actividad cerebral, aunque sea comatosa.

El primero lo escribió Helena Belmonte. Se trata de un artículo que es algo así como un embarazo ectópico: lo escribió pero no se publicó, porque salió uno más grande de Xavi Sancho en el mismo diario.

Neurosis de viejoven

Un joven que se siente viejo y un viejo que quedó anclado en la juventud. Un parque de atracciones, fiestas clandestinas y una chica con coleta alta y que dice “ ¿Sabes?” al final de cada frase ambientan la colorista Hilo Musical (Alpha Decay), la primera novela del periodista Miqui Otero (Barcelona, 1980), que narra la historia actual de un postadolescente desnortado con la emoción de un estribillo de Prefab Spout y una chispa que podría llenar una casa entera de risas. “ Tenía claro que quería escribir una novela divertida” , señala Otero. “ Hay situaciones tan absurdas que solo se pueden explicar desde el humor” comenta el autor, que opina que la guerra civil acabó con la
comedia en la literatura española. “ Todavía llevamos el traje gris de la trascendencia” , dice.

“ Tristán es una versión idiota de mi mismo cuando era joven” , señala, cigarrillo en mano y entre risas, el autor. El protagonista es un “ viejoven” , es decir, “ un nostálgico prematuro” . Algo que según apunta Otero es habitual en los que crecieron en los 80. “ Tenemos 30 años y sentimos una nostalgia terrible de cuando teníamos 8, en vez de disfrutar de lo que estamos viviendo” , apunta.

Inocente, un músico sesentón de rock que estuvo a punto de triunfar con su grupo Los Famosos, es el otro personaje clave en la novela. Un “ viejojoven” que pasa los días emborrachándose y lamentando lo que pudo haber sido. “ Hay una mitificación de la juventud que hace que la gente envejezca mal y que los señores se hagan mechas lilas y lleven zapatillas de colores raros cuando tienen que ir vestidos como Dios manda” , explica.

La novela también es una revisión del tardofranquismo desde una perspectiva pop, que según Otero significa “ explicar las cosas desde el margen” . En este caso, a través de los recuerdos de Inocente, que en aquella época compartía un piso ruinoso en el decadente Gótico barcelonés y trabajaba de cualquier cosa para poderles comprar guitarras
eléctricas a los marineros norteamericanos que amarraban en el puerto.

Hilo musical también es la historia del desengaño. Tristán, que llegó a la facultad de periodismo ilusionado, se pasea por los pasillos atolondrado, distrayéndose con los bolis de colores que las chicas de la clase usan para recogerse el pelo, hasta que encuentra otra alma perdida para encerrarse en un coche a escuchar, botella de Martini en mano, la misma cinta de cassette una y otra vez.

La elección de la primera persona está al servicio de lo que él llama anticinismo. “ Me gustan las personas que se maravillan con las primeras veces” , señala. “ Ahora la gente a menudo está de vuelta antes de disfrutar del camino de ida” , explica. “ Vivir las cosas es importante y es bonito” , explica. “ En los ochenta yo era un niño pero me llegaron los
ecos y coletazos de la generación de los 80, que estaba lacrada por el malditismo. La lacra de la nuestra es el cinismo.”

Otero se agarra al humor de David Sedaris o Georges Saunders y al de Kiko Amat y Francisco Casavella en el ámbito nacional. Su aventura narrativa acaba de despegar pero todo apunta a que irá para largo. Además de colaborar en el libro de Jordi Costa sobre comedia americana, el año que viene publicará su segunda novela. “ De esta solo puedo explicar que tiene que ver con mi obsesión por el retrofuturo. Por la promesa de cómo
sería todo y que desemboca en el desencanto” .

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Mas velvet feedback

septiembre 30th, 2010 · Sin categoría

Sin demasiado tiempo de escribir, cuelgo los articulazos de Qué Leer y también de Time Out (muchas gracias a Jordi Nopca y a Philip Engel). Falta el de EP3 de El País pero no tengo el PDF (en mi PC). La semana que viene, más y mejor.

Alpha Decay pág[1].80,

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El sol de los mimbres

septiembre 27th, 2010 · Sin categoría

Yo no hice la mili.Yo entrevisté a Javier Calvo a los 22 años.

“¿Pero vas a enchufar eso?”, me preguntó, con la delicadeza de un tornero fresador. “Te recomiendo que para hacer una entrevista, pulses el botón de grabar. Así igual pones algo de lo que te he dicho”, añadió, con la sabiduría de un filósofo con metralleta.

Porque yo llevaba diez minutos de entrevista sin sacar la grabadora. Y porque quizás mi cara de lenguado no era una invitación a la confianza en una memoria prodigiosa como el chip. Porque megüé en mi tamaño alarmantemente como el Dr. Slump cuando se deja raptar por sus hipocondrías y sus miedos.

Aquello sucedió en el bar de los sofás. En uno de esos bares de diseño, fruto de la curda olímpica que, resaca bíblica mediante, amnesió cualquier posibilidad de otro tipo (anterior) de ciudad (y de bar), que en realidad nunca llegamos a disfrutar (pero es que uno nunca debería escribir sobre sus nostalgias, sino sobre las de sus mayores).

Semanas después salía la entrevista. “Soy siete veces más grande que tú”, la titulé.

Luego procedí a encerrarme como Holmes en sus épocas de tocarse el violín a dos manos. Como un ikikumori con antecedentes penales. Como un mequetrefe que juega al escondite (detalle: el mocoso es judío y le toca pillar a un oficial de bigote recortado, erres arrastradas y monóculo, que le quiere dar por exactamente las dos últimas sílabas de la palabra que refiere la lente que lleva en el ojo).

Pero Xavi me escribió. Descojonándose. Le había gustado la entrevista. Lo otro era una especie de prueba para periodistas desnortados que quedan en bares con sofás y que no tienen la delicadeza de enchufar la puta grabadora.

Ocho años después, Xavi lanza su novela Suomelinna en el mismo sello y mes que Hilo musical. Un libro, corto y grande, que es un tambor de Xavi concentrado: death metal, audaces juegos con el lector con el humor como motor -pero juegos ludicos, no pesados, juego como los de Tibor Fisher, por poner un ejemplo-, pulsiones de nobleza oscura y frío adolescente. Y la constatación, quizás triste pero honesta, de que nuestras existencias son coreografías, de que todo conato de innovación es la copia de un estereotipo ya escrito, de que todo lo que te ha pasado, ya le ha pasado a alguien y lo ha sentido del mismo modo.

Llego a Suommelina aún sacudido por el impacto de Corona de flores. Ecos de Cunqueiro, de la novela decimonónica inglesa, de Holmes y de Lupin, de folletín de alto quilate (el folletín, lo dijo alguien, es ancho), de gas victoriano, del misterio de la escritura. Corona de flores debería ser una saga. Sus entregas llegarían al puerto de Nueva York y los de allí recibirían a los europeos y los coserían a preguntas para saber qué es lo siguiente que pasa con los personajes de Calvo. Poque tiene madera (de boj, que diría el del orinal) de ficción perdurable. Sin concesiones ni giros baratos, tiene madera de libro que debería ocupar las manos de todos los viajeros de los vagones de metro. Porque Calvo es como un escritor de la academia de X-Men, que controla ahora más que nunca sus poderes, que no lanza bolas de fuego con un chasquido sólo porqe puede hacerlo, que pone su don al servicio de algo importante: la trama, la emoción, los escotillones literarios abiertos a todo el que quiera asomarse al interior.

Suomelinna, aun escrita antes que Corona de flores, llega envuelta en los ecos de ésta. La corona de flores letal con la que quieren tocar lacabeza de la protagonista de The Wicker Man, la película que más veces ha visto -más que nadie- la protagonista de esta novela corta -incluso más veces que el autor de la novela y que el plumilla de este texto-homenaje-.

Calvo se sube a un barco rumbo a Finlandia para explicar las peores (que son las mejores) pulsiones adolescentes. Pero esto no es una metáfora. No es una metáfora. El que le reclame metáforas, recibirá ventiscas y conjuros de Crowley. El que quiera metáforas, que espíe en los Facebook o que busque narraciones flácidas en tapas duras.

Suommelina es la canción death metal de Xavi. Redonda y astillada. Sin estribillos ni rodeos. La paloma de cierto tipo de literatura ensartada en una novela-flecha.

Aún acopla chillidos, samplea recursos, versiona escenas y no ahorra ambición incluso al detalle, incluso en la distancia corta. Pero el hermetismo brilla por su ausencia con el fulgor y el peligro del fuego primitivo. Y todos nos sentamos en círculo a escuchar la historia y a presenciar el rito. A celebrar la hoguera y el incendio. Calvo ya es un Tusitala (de los que casi no quedan), un contador de historias que maneja todos los trucos de mago (negro) experimentado. Que posee en exclusiva algunos mimbres.

En otra ocasión hablé con Xavi del cine de Anger (hasta que llegaron otros con otras historias en un bar que ya sabíamos prescindible), incluso un día charlamos sobre Kingsley Amis y su humor de mascletá.

En Hilo hablo del comportamiento de los delfines, que buscan rutas siempre acompañados de experimentados atunes. Querría ahorrar al lector la broma de usar el apellido del escritor, nombre también de una conocida marca de atún y bonito del norte (del norte como el viento del norte, como las novelas de Calvo). Pero no puedo hacerlo.

Parece un feliz desenlace hacer este pequeño viaje con Suommelina. Compartir al menos un mes la travesía a cascotes polares. Ejercer de grumete con el pirata-capitán que me dio esa necesaria colleja (y aquí la colleja no debe leerse en sentido literal, como sí debe leerse su novela y los elogios de este post). Si hago una metáfora más, me corto el undécimo dedo.

La lectura como lujo al alcance de todos. Celebremos, hasta la hora de los sacrificios, esta ofrenda literaria. Viajemos a, aprendamos de, Suomelinna.

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Prisonero de las referencias

septiembre 10th, 2010 · Sin categoría

“Los periódicos son como las salchichas. Nunca quieras saber cómo se han hecho”.

La cita sirve también para las novelas. Sin embargo, me he obstinado, en un ejercicio imprudente e impúdico de charcutería, en desvelar motores ocultos de Hilo musical.

Expondré, también, que en toda novela con la que me reboce y disfrute realmente, debe haber un alto componente de primera persona. De experiencia. Simplemente, es más fácil y riguroso hablar de lo que conoces. Corres el riesgo, si no lo haces, de acabar escribiendo El código Da Vinci o una entrada de Wikipedia. Si lo conoces, sabrás explicar el matiz. Si no sabes de qué hablas, es bien probable que el texto acabe conenado a la macabra dinámica del juego del teléfono. El primero susurra al oído del segundo “Quiero un bañador nuevo para este verano”, y el cuarto le chiva al qunto, totalment convencido de que no falta  la verdad, “Mi abuela tiene algo realmente raro en el ano” -situación especialmente embrazosa si el quinto es tu abuelo-.

Sin embargo, quizás lamentablemente, nos han bañado con el spray referencial en la cadena de montaje que son las alas de nacimientos de los hositales. Bromeamoscon chistes de pelis y hacemos tonterías como los héroes de los tebeos. Hilo musical pretendía ser honesta, sincera. Pero parte de ello pasaba por echar mano de referencias más o menos ocultas que están al servicio de la intriga del relato, motores escondidos en el mecanismo.

Uno de ellos es la serie de los sesenta El Prisionero. Un espía, empantanado en las tensiones absurdas de la Guerra Fría, que, como el personaje de Chesterton, “sabe demasiado”. Decide presentar su renuncia, una decisión aparentemente noble. Un agente misterioso lo seda y aparece en The Village, una especie de resort de lujo impersonal donde le intentarán sonsacar toda la información con las más mefistoféicas torturas. Todas psicológicas. Ninguna física: es demasiado importante como para herirlo.

Perdidos está violentamente influida por esta serie -Abrams es muy listo: antes de que le canten las cuarenta por copión, lo admite e incluso pone sus maravillosos libros en plano (de La colina de Watership a Trampa 22)-.

La Gerra Fría fue ese nodo de relatos histéricos difícilmente recreable y aún meos repetible. Estamos hablando de un periodo en el que, se dice, se comenta, todo el equilibrio mundial dependió de una frase como “Gambito de rey”, un movimiento de ajedrez que podía decir la partida de ajedrez entre el representante yanqui, Bobby Fisher, y e soviético, Boris Spassky. El villano contra el héroe ordenado. Ya sabemos quién ganó.

La nuestra no es una época tan atractiva narrativamente. Pero quiero pensar que se cuecen habas en todoslos lados. Y que el The Village de El Prisionero plantea las mismas renuncias, hipocondrías o dilemas que el Villa Verano de Hilo musical o el Marina d’Or de nuestro dramático -por triste, no por excitante- mundo real (que nos ha caído en desgracia).

Para entender El Prisionero, escribí un artículo quilométrico hace un par de años para La escuela moderna, impagable -implacable- fanzine-fecha editado por los hermanos Amat. Se puede leer rebuscando en el siguiente link:

http://www.dotstation.es/Img/Descargas/escuela03.pdf

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Las catacumbas de Disneylandia (y de Villa Verano)

septiembre 7th, 2010 · Sin categoría


UNO.
Titulares con gancho, reclaman el docente y el director. Y, a menudo, las dinámicas azarosas de una civilización que tiene como único motor el absurdo conceden el deseo. Aquí, tres ejemplos:
1) Fallece el chelista de la Electric Light Orchestra sepultado por 600 kilogramos de heno.
2) Detenido un hombre por tomar al asalto un club de Granada al grito de “esta noche manda mi polla”.
3) Arrestan a Mickey Mouse y a Peter Pan en el parque infantil de Disneylandia, en Anaheim.


DOS.
La lectura de estos titulares totalmente verídicos dispara imágenes en el lector del diario: el Pato Donald, amonestado por pasearse con la chaquetita de marinero y en pelota picada de cintura para abajo; Blancanieves sufre el conato de bukake de siete enanos; Campanilla cobra ilegalmente lap-dances en los rincones del parque.
La realidad, claro, es otra. Los detuvieron por manifestarse en el Lugar Más Feliz de la Tierra para reclamar seguro médico y para protestar por los recortes de jornada y salario.
El mundo de Villa Verano, parque temático que sirve como escenario de cartón piedra para Hilo musical, surge de la suma de estos dos vectores: la interpretación fantasiosa de los hechos por la vía de las reducciones al absurdo y la realismo de este tipo de manifestaciones de las que ahora daremos cuenta y detalles.


TRES.
Leo en Mientras escribo, el honestísimo manual de escritura de Stephen King, que todos los relatos nacen de una imagen. La de Hilo musical fue el precioso lienzo publicado en la revista satírica The Realist, en 1967, meses después de que Tito Walt se mudara a otro barrio –al barrio de Elvis, Jim Morrison y Robert Smith- o lo criogenizaran.
El dibujo es un espejo deformante del Lugar Más Feliz del Mundo. También es, a su modo, revelador. Versión gamberra del Jardín de las delicias del Bosco, revela muchas de las leyendas y realidades que han forjado el mito de las catacumbas de Disneylandia.

CUATRO.
Porque esta dualidad entre el mundo aséptico y coreografiado de la superficie y el oculto, la logia secreta subterránea y las fiestas prohibidas, es otro motor de la novela. Villa Verano es una versión libérrima y de nuestra costa, hija espuria de la cultura del ladrillazo.
En Disneylandia, se rumorea que nadie puede morir -en Villa Verano, nadie parece crecer-. Si lo hace, lo llevan fuera del recinto, ni que sea a un par de metros, para que no contamine el lugar. “Han venido a evadirse y la magia nunca se puede romper”, era el lema de Walt. Así que todos los trabajadores deben dejar sus coches a un par de quilómetros y subirse a un autobús que los lleva por unos túneles subterráneos a los lugares donde deben cambiarse de ropa.
Son muchas las leyendas que circulan sobre la vida en las catacumbas de Disneylandia. Y muchas las que ha recogido Tyler Gray en su libro Wild Kingdom, donde entrevista a testimonios de primera clase como un ex Pluto o un hombre que ha interpretado a Donald, Minnie y a cinco de los siete enanitos Allí se cuenta que los trabajadores, a seis dólares la hora, se evaden en bacanales y se drogan más que Maradona para poder soportar tener que sonreír todo el rato y hacer el mono para los niños. Son famosas, también, las películas que ruedan allí, con los animales de peluche empalándose, bebiendo wisqui y fumando marihuana. Las estrenan en un banquete anual para los personajes que tiene lugar en algún punto de so más de dos kilómetros de túneles que recorren el complejo. Películas con stripteasse de la Sirenita o bailes raperos de Pluto.
Esos pasadizos son conocidos como el zoo, porque conviven en armonía ardillas con perrotes y con ratones con minifalda indecente. Allí es donde se relajan de la coreografía lobotomizada que deben desarrollar ahí arriba, en la superficie, donde suena el hilo musical. No sólo en ellos se divierten los personajes, también lo hacen en el Vista Way, un complejo de mil habitaciones para los trabajadores más pobres, donde no van cortos de fiestas.
También se sabe que existe un selecto club, el Club 33, al que se accede por una puerta de la atracción Piratas del Caribe. Una suerte de club de polo, con cuota anual de 15.000 dólares, donde se puede beber y fumar -algo que no se puede hacer en el resto del recinto-. No os apuréis, la lista de espera para inscribirse supera los tres años, y el mundo subterráneo es muho más divertido.
Pero, más allá de todo lo que sucede en las mazmorras de los trabajadores, mi anécdota favorita sobre Disneyworld es la que protagonizaron los Yippies, uno de mis grupos contraculturales favoritos, hermanos malotes y divertidos de los ya sedados como lemmings hippies. A finales de los 70, decidieron protestar contra el código estético y de valores de Disneylandia y contra la colaboración de la empresa en la guerra de Vietnam. Repartieron 500 flyers con su propaganda distribuidos donde se daba un programa del día que incluía un desayuno de Panteras Negras, un encuentro subversivo en el bote del Capitán Garfio, un curso de autodefensa, una barbacoa en la zona del cerdito de Bugs Bunny o, lo mejor, la Liberación Oficial de la Isla de Tom Sawyer. Allí fumaron marihuana como locomotoras, gritaron que se dirigían a Camboya e increparon a algunos animalicos, mientras los visitantes, en defensa de tamaño ultraje, se defendieron gritando a pleno pulmón God bless america. El recinto, por primera vez, cerró cinco horas antes de lo previsto.

Y CINCO.
Son muchos, e inescrutables –con o queda mejor: inescrotables-, los caminos narrativos que pueden llegar a explicar una situación o a tomar el pulso de unos años. La ciencia ficción, visionaria, siempre será más veraz que el costumbrismo para explicar las histerias y megalomanías de una civilización. Lo mismo que el humor, el único que –Vonnegut, Heller, Pynchon, Mel Brooks- pudo buscar salida a la Segunda Posguerra Mundial.
Villa Verano, también Hilo musical, se quiere colocar silenciosamente, y presentando todos sus respetos, en esta tradición.

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Las historietas del Hilo musical

septiembre 6th, 2010 · Sin categoría

El Hilo musical que escuchan en el banco los atracadores con careta de Donald mientras las sirenas esperan fuera, el que precede el leñazo cinematográfico de aquel avión multirracial, el de la sala del dentista con parkinson y el del ascensor donde esperas la apertura de puertas flanqueado por: Izquierda, Adriana Lima con mucho calor; Derecha: el Monstruo de Amstetten con mucha hambre.
El Hilo musical es ese masaje sónico al servicio de nuestra comodidad más fofa y flácida. Esas versiones vacías y tan silbables. Huecas como una piñata a la que ya le han dado la hostia de gracia.
La diferencia entre la versión original y la del Hilo musical, entre escuchar y oír, entre vivir y sobrevivir.
Imágenes hay muchas:
Ejemplo 1: La pantomima inmunda del Concierto de Año Nuevo en Viena, con el director dándole el culo a la orquesta y sonriendo a una platea enjoyada que bate palmas y ríe y tararea con los ojos entornados La Marcha Radetzky, una pieza militar que también fue hilo musical de salvajadas de las guapas –quizás este cabreo viene también de asociar la musiquita a algunas de las peores resacas peor llevadas de mis Nocheviejas-.
Ejemplo 2: La canción Ain’t got no Money, una oda a las clases más desfavorecidas cantada por Nina Simone usada para anunciar coches de lujo BMW. A ver, la canción dice: «no tengo casa, no tengo zapatos, no tengo dinero, no tengo ropa… pero tengo corazón», así que debemos entender que los BMW los regalan en los comedores sociales. Este tipo de de vampirización asquerosamente cínica por los que la hacen e imbécil por muchos de los que la aceptan es otro motor oculto de la novela.

Pedí a dos amigos que pensaran en un pequeño cómic que ilustrara este tipo de historieta, sobre el Hilo musical. Sergi Puyol, guitarrista de Le Pianc y con tebeos publicados en Apa-apa Comics, y Quique Ramos, activista incansable, portadista de relumbrón y comiquero irredento, aceptaron. La canción es A Foggy Day. Sergi tira el guante y Quique lo recoge. Y los tres pensamos algo muy parecido.
¡Grazie mile als dos!
PD, Si no lo leéis bien, clicad: la imagen se expande y los bocadillos -además de comerse- se leen mejor.

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Me gustó más el tráiler

septiembre 6th, 2010 · Sin categoría

Ver un trailer es como escuchar a ese amigo, tocado por las musas de la labia, que sale del cine e INSISTE en explicarte los mejores momentos de una peli . De tal modo que ir luego a verla parece una pérdida de tiempo al lado de seguir de cañas con él para que te explique trailers, resúmenes reconcentrados de vivencias, de otas aventuras suyas o vividas por él.
Los trailers suelen ser cápsulas hiperfibradas narrativamente, que a menudo convierten los largometrajes en chorizos anémicos que parece que nunca acaban. Incluso las películas más malas, suelen anunciarse con grandes teasers que ofrecen un horizonte de tortas, encamamientos varios, desnudos y explosiones. Trailers que provocan la ilusión de la vida como tráiler, la vida minada de clímax: sin domingos por la tarde, sin resacas, sin abandono.
Quise juntar los tags “amigo” y “trailer” cuando pedí a unos cuantos individuos especialmente queridos, amigos fundamentales y únicos, que me regalaran teasers de la novela. Que condensaran ese inventario de obsesiones trenzadas en una historia fantasiosa. Que comprimieran en 20 segundos su visión del Hilo musical.
Y han sido dos los talentosos amigos que, de momento, me han enviado sus cápsulas.
Lope Serrano, de la explosiva productora CANADA, figuras de porcelana – rocanrol – purpurina en cuerpos de chicas, optó por esa estética de fuegos naturales y artificiales. Por una pieza que suena a apertura tranquila, pero con trompetas, de peli de Powell y Pressburger. La vocación clásica de la novela, su facilidad de opereta, sus personajes de rasgos claros como de dibujos animados, el intento de una elegancia que no volviera el libro impermeable a la fricada, están ahí. Todo con el pulso pirotécnico, elástico y precioso de todo lo que hace Lope.
El ritmo más pulp, los besos de tornillo, las mujeres neumáticas, los adjetivos cliché. La novela de iniciación como montaña rusa vivida en primera persona, con guitarras aplastadas y ojos que espían por una mirilla forzada, están en la pieza de Luis Carrizo. El viaje a toda leche por la carretera, convertida en surco de vinilo de la mejor canción. Una falso trailer que convierte Hilo en una de esas obras de las sesiones Grindhouse, proyectdas en autocines donde los jóvenes se intentaban tocar por debajo de los jerseis de angora -por encima: un punto; sujetador: dos, y piel: tres o infinito-. Eso y el descenso y la subida, los bucles narrativos, como promesa de acción y pálpito de la emoción de la primera vez.

Dos grandes amigos y dos preciosas mixtapes visuales de lo que podría ser la novela.
Si a muchos, a la salida del cine, los mismos que resaltan la dirección de fotografía, les gusta más el libro que la película (aunque sea un guión original), en este caso muchos podrían preferir estos tremendos trailers a la novela en sí.

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